- Cuántas veces he nadado en ese mar nocturno, me he perdido en ese cielo azul, llevado por los efluvios del alcohol, por la esperanza de encontrarla otra vez. Arriba y abajo, sin tregua. Por Hydra, Perseo, Andrómeda… Y abajo, hasta llegar a Casiopea. La primera estrella a la derecha y después todo recto, hasta la mañana. Y otras muchas. Y a todas les preguntaba: «¿La habéis visto? Por favor… He perdido mi estrella. Mi isla, que no existe. ¿Dónde estará ahora? ¿Qué estará haciendo? ¿Con quién?» Y a mi alrededor, ese silencio de esas estrellas entrometidas. El ruido molesto de mis lágrimas agotadas. Y yo, estúpido, buscando y esperando encontrar una respuesta. Dadme un porqué, un simple porqué, cualquier porqué. Pero qué idiota. Ya se sabe. Cuando un amor se acaba se puede encontrar todo, excepto un porqué.
-Tengo ganas de ti.
- La diferencia entre promesas y recuerdos, es que solemos romper las promesas, pero los recuerdos nos rompen a nosotros.”
| — | (Tengo ganas de ti) |
ESCENA DEL ESTACIONAMIENTO
Hache: Pues va bien este vejestorio, ¿eh? ¿Qué es? ¿De los ochenta?
Gin: Ah, vale. Ya veo que voy en mi coche con el típico tío que se piensa que se nos caen las bragas porque suelte dos chistes malos. ¿No? Que estamos todas esperando en fila india a que vengas a rescatarnos en tu moto poligonera.
Hache: Por cierto, me llamo Hache.
Gin: ¿Qué clase de nombre escondes para llamarte Hache? ¿Humberto? ¡No! ¡Hilario!
Hache: Hugo.
Gin: Hugo es un nombre de la hostia.
Hache: ¿De verdad?
Gin: Sí. No deberías esconderlo.
Hache: ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?
Gin: Ginebra.
Hache: ¿Te llamas Ginebra?
Gin: Mi madre es inglesa, desgraciado.
Hache: ¿Y alchólica?
Gin: ¡Eh! Era el nombre de mi abuela. No te pases ni un pelo. Bueno, de todas formas, mis amigos me llaman Gin.
Hache: ¿Tónic?
Gin: ¿Tú sabes lo que es el taekwondo? Es un arte marcial moderno que consiste básicamente en que mi talón está dentro de tu boca en menos de una fracción de segundo.
Hache: No me gusta que me vacilen.
Gin: Ya, pero es lo que tiene, súper Hache. De pronto, un día llega alguien que te da mil vueltas y te das cuenta de que llevas siendo un pringaillo toda tu vida.
Hache: ¿Ah, sí?
No hay comentarios:
Publicar un comentario